Anubis por Fin Usa su Vórtice
Quien peleaba pegado a él no veía ni un vórtice. Era un defecto, y volvió más fuerte.
El vórtice solo se elegía con el jugador a tres casillas o más. El Caballero —la clase hecha para pegarse al jefe— mataba a Anubis sin ver nunca girar el suelo bajo sus pies. Ahora la habilidad sale con su propia recarga, de cerca o de lejos, y solo se perdona tu casilla: todo lo demás es suelo válido.
Los vórtices también caen más juntos. Se repartían por un tablero de 289 casillas, lo que dejaba sitio para quedarse quieto golpeando; se apretó la dispersión y los cinco pasan a cubrir cerca de un tercio del área. Hay que moverse, y todavía hay adónde.
Y pega más fuerte en todo: 2.400 de vida en vez de 1.200, la garra de 26 a 40, el espadazo de 120 a 180 y cada tic de vórtice de 45 a 70. Pasó a tener más vida que cualquier criatura de su propio desierto, que es lo que debería tener un dios al fondo de una tumba.